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Antes era: -Mira, para ahí en esa venta,
que se tiene que comer estupendamente. Mira la cantidad de camiones
que hay parados en la puerta...
Tal le ocurrió a Pepe Luis Vázquez,
cuando con su cuadrilla volvía a su tierra de torear triunfalmente
una corrida. Vio el maestro de San Bernardo los camiones parados
a la puerta de una venta, y le dijo al chófer:
-Para ahí, que se tiene que comer muy bien y vamos a comernos
unas papas muy simpáticas.
Y como Pepe Luis tenía fama de excesivamente ahorrador, uno
de los banderilleros, para provocar la generosidad de su bolsillo,
le dijo:
-Maestro, y en lugar de unas papas muy simpáticas, ¿por
qué no nos comemos un pollo con mucho malage?
Ya no se buscan ni siquiera los pollos con mucho
malage. Ahora la frase del conocimiento empírico de la gastronomía
es:
-Vamos a entrar a ese restaurante a almorzar, que se tiene que comer
la mar de bien. Mira cómo está la puerta de coches
oficiales y de chóferes esperando a sus señoritos...
¿Cuántas horas extraordinarias pagamos
al año de chóferes esperando a los políticos
a la puerta del restaurante hasta las tantas de la noche? Y los
políticos, dentro, poniéndose no sólo morado
y oro, sino tabaco y azabache con el Cohibas que se están
fumando ahora tras los postres, el café y la hortera copa
de balón con un güisqui de reserva. Esto de los políticos
a mesa y mantel en los restaurantes es como el pelado del perro
del gitano. Estaba un gitano junto a un perro y llegó el
esquilador, otro calé, con las tijeras:
-Primo, ¿te pelo el perro?
-Pélalo...
-Primo, ¿le hago unos adornitos en la culata?
-Se los haces...
-¿Le pelo también las orejitas?
-Pélaselas... Total, el perro éste no es mío,
es un perro callejero que se me pegó mientras estaba esperando
a un compadre...
Los políticos de mesa y mantel, igual:
-¿Les pongo a los señores unos langostinos para picar
al principio?
-Póngalos...
Desconfíen siempre de los metres que les
ofrecen algo para picar. Conviene que antes de asentir piensen no
en el tercio de varas de la hora de picar, sino en el último
tercio, en la hora de la verdad de la estocada que suelen pega en
la factura... Pero a estos políticos de mesa y mantel les
da igual, son como el gitano del perro:
-¿Les pongo luego en la comida un Chateau Lafitte, que el
Vega Sicilia del 94 se nos ha acabado?
-Póngalo...
Total, ellos no van a pagar la factura, ¿qué
más les da? Por eso yo, frente a los cinco tenedores, a los
menús largos y estrechos, frente a la cocina de mercado,
frente a la nueva cocina, frente a todas las tonterías por
donde se va a los baños el río de los dineros públicos,
reivindico el pollo con mucho malage de Pepe Luis, la cocina de
la venta de carretera de toda la vida, esos huevos fritos con chorizo.
Cocina que, como no tiene defensores, se está perdiendo,
y eso que forma parte del patrimonio de nuestra tradición.
¿Habrá algo más español que un arroz
con conejo en una venta? ¿Que más hispánico
que un menú del día, compuesto por una sopa de picadillo,
pijotas, potaje de chícharos, el arroz caldoso de cuchara?
Es lo que decía aquel camionero, Savarin de las ventas de
carretera:
-Yo, mientras haya ventas con sopa de picadillo y pijotas, voy al
fin del mundo. Lo malo es cuando te metes en Francia, que ya no
hay sopa de picadillo ni pijotas.
Si hubiéramos defendido lo nuestro en Maastricht
como era menester, hubiéramos reivindicado la extraterritorialidad
de la sopa de picadillo y de la pijota. ¿No tenemos nosotros
que cumplir las directivas europeas? ¿Por que no van a aceptar
ellos a cambio el rito mozárabe de la sopa de picadillo y
la pijota? Menos cuento y más par de huevos fritos con chorizo
es lo que hace falta aquí, más guiso marinero de corvina,
más papas con carne... Con todo lo que se habla en estas
fechas de Marbella, me extraña que nadie haya dicho mi descubrimiento.
En plena Milla de Oro hay una magnífica venta de toda la
vida, con su menú por mil pesetitas, en el que puedes elegir
entre la sopa de picadillo y el gazpacho, o entre la pijota y el
par de huevos fritos con chorizo.
-Y patatas, no se olvide usted de esas patatitas
fritas, con mucha sal, y ¡a mojar ese bollo en los huevos
fritos se ha dicho...!
Ese templo marbellero de la verdad de la cocina
española está, como digo, en plena Milla de Oro, frente
al Marbella Club. Se llama Venta Los Pacos, donde encuentras la
verdad de España frente a las tonterías sofisticadas
marbellíes (no marbelleras, que lo marbellero es lo auténtico
del pueblo y lo marbellí es lo del chufleteo de pintar la
mona...) Almorzando en la Venta Los Pacos me encontré a Luis
Ortiz, el marido de Gunila, otro partidario de las ventas. Me dijo:
-Esto es maravilloso. Me baño en el Marbella Club y luego
cruzo la carretera y me vengo aquí a almorzar. Y por menos
de lo que en el Marbella Club me cobran por el aperitivo, aquí
almuerzo y ceno...
Cuando me decía esto, Luis recogía
la vuelta de las mil pesetas con las que había pagado. En
las ventas todavía te dan vuelta cuando pagas con un billete
de mil pesetas. |